20081208

El Bache

Salió de la casa temprano. La fecha para la presentación de su tesis se había adelantado quince días, y como era de suponer, no estaba preparado para semejante reto académico. El desvelo era, según sus propias palabras, un placer que debía reservarse para los amigos y las amantes; no obstante, tuvo que cambiar su política y dejar de pernoctar, para dedicarse al trabajo de investigación que requería.

La noche anterior la pasó escribiendo las conclusiones del trabajo, revisando vídeos viejos para lograr vencer al sueño, hablando por teléfono y escuchando grupos viejos, viejísimos. Se despertó con un malestar estomacal que empezó, para ser exactos, dos días antes, pero que se había agravado hace cuatro horas. Todo su organismo estaba en un estado deplorable: sus manos temblorosas apenas conseguían aferrarse al volante, sus reflejos habían disminuido considerablemente, los pies se agolpaban, con inseguridad, en los pedales del coche y su cabeza palpitaba sin control. El tráfico era ligero y aprovechó la ocasión para omitir toda precaución vial en su transcurso a la universidad.

Faltaban unos minutos para la hora señalada, el trabajo estaba terminado y todo parecía estar en orden. Bordeó el redondel ufano y sonrió para sus adentros a causa de su iminente logro; aceleró en la autopista y, mientras la aguja del tablero llegaba a las cuatromil revoluciones, todo el automóvil se hundió en el agujero que debía sostener una de las tantas alcantarillas hurtadas en los últimos meses. El golpe lo sintió hasta en el timo, todo su páncreas se contrajo al ver como la superfie se movió durante una décima de segundo y desbalanceó el carro, llevándolo al carril contrario. Se apresuró a tomar el control del vehículo, giró hacia la izquierda con un tirón en el volante y desaceleró de forma drástica hasta hacer chirriar los neumáticos.

Cuando logró, por fin, estabilizar el automóvil, todo su cuerpo estaba envuelto en sudor, y sus manos no podían, por más que quisiera, responder a la orden de soltar el timón; pensó que todo había pasado, aceleró de nuevo con mesura, miró hacia afuera para comprobar que ninguna persona se había percatado del ridículo que acaba de realizar; mientras tanto, escuchaba como la llanta del lado del conductor se desinflaba, poco a poco, y el carro bajaba, de nuevo, en el nivel de la superficie, pero esta vez con más lentitud.

1 Kwetta:

Elena dijo...

Me siento sumamente identificada en las primeras dos línea: "La fecha de su tesis se había adelantado 15 días".

No sé, gran casualidad, va.